Ser Feliz
Si Pudiera Retroceder el Tiempo Compraría Menos Cosas y Viviría más Momentos

¿Te has puesto a pensar el poder que tienen las cosas materiales sobre nosotros?

Se ha vuelto tan importante adquirir bienes que hemos dejado de lado momentos invaluables para conseguirlos.
Constantemente gastamos en cosas que nos dan satisfacción momentánea: un poco de seguridad física (autoestima) o social (casa, auto, tecnología). Pero seguimos sin poder comprar la felicidad, el tiempo, la salud, o el amor.

Muchas veces compramos artículos que nos hacen sentir 5 gramos más felices, por sólo 5 minutos de duración, aunque nos cueste años aceptarlo.

Poniendo las cartas sobre la mesa, te das cuenta que nada material vale tanto la pena como las experiencias vividas, descubrir un nuevo lugar, ver dormir a quién amas, sonreír al recordar un gran momento, escuchar tu canción preferida.

A lo largo de la historia, varias personas a punto partir de este mundo, han dedicado sus últimas palabras orientadas hacia lo emocional y no a lo material:

“Si pudiera retroceder el tiempo seguro dejaría de comprar cosas innecesarias y lo invertiría en otra deliciosa cena con mi madre, un atardecer inolvidable o un viaje a un lugar maravilloso”.

Creo que serían muy pocos los casos de personas que se despidan de este mundo diciendo: ojalá me hubiera comprado ese perfume que estaba en rebaja y que nunca más utilizaré.

Y es que es así. Trabajamos ocho horas o más al día para tener cosas que ni siquiera podemos disfrutar, por falta de tiempo y de energía. Muchas de esas cosas incluso están guardadas en un armario o en algún rincón de la casa que ya ni recordamos.

 “las cosas cuestan lo que estamos dispuestos a pagar por ellas”, ese es su precio real.

Desde niños crecemos con ilusiones y sueños que de adultos se van convirtiendo en objetivos materiales.

¿Dónde quedaron los sueños de ser un profesional por pasión y no por sueldo? De hacer lo que amamos, crecer y descubrir el mundo, los deseos de volar, las ganas de explorar.

Se esfumaron día a día cuando aprendíamos a conseguir un trabajo que pague bien, un título de estudios, un cargo en un lugar en donde talvez no queríamos estar, pero que según aprendimos era “lo correcto”.

Nos demanda tanto esfuerzo y recursos obtener lo material, que incluso nos cuesta mucho compartirlo. El mundo se ha vuelto egoísta, y egocentrista. Gente con dinero en el bolsillo y con poco en el corazón.

Constantemente hacemos listas de cosas por comprar o cuentas por pagar, y nos hemos olvidado de hacer listas de momentos por vivir, lugares por visitar, personas a quien llamar y sueños por cumplir.

Deberíamos llenar nuestra cuenta emocional con el mismo esfuerzo que llenamos la bancaria, con acciones en alza como abrazar, reír hasta llorar, cantar en la ducha, dar comida a quien tiene hambre.

Estas acciones no serán cotizadas en la bolsa, pero seguro te traerán mucha más riqueza. Además su precio es alcanzable para todos.

Aprendamos a convivir con los dos lados de la moneda y a llenar con alegría los vacíos que inconscientemente llenamos con objetos.

Consumamos de forma responsable, sin desvivirnos por lo material, dando el valor que se merece el dinero.

Si supiéramos el precio real de tiempo y energía que gastamos para obtener las cosas, todos decidiríamos ser un poco más pobres pero mucho más felices.

 

 

 

 

 

Catabela (Catalina Carvajal)
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3 comments
  • pius
    Jun 27, 2016 (19:52)

    Cuanta razón en tus palabras. Por experiencia propia añadir que con la edad uno coge consciencia del precio del tiempo pero ya es demasiado tarde… o no?

    • catabela
      Jun 27, 2016 (20:25)

      Por supuesto mientras más tiempo hemos vivido más valen las cosas abstractas y menos las materiales! 🙂

  • Álvaro
    Jul 10, 2016 (09:01)

    Mucha gente compra y compra para rellenar el hueco que deja no tener a alguien aquí, o a personas que te hagan sentir como se desea.

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