Historias Personales
Sal a la calle, los Milagros están en todas partes

Estos días he pensado mucho en una frase que leí hace poco: “Sal más a la calle, los milagros están en todas partes”.

Decidí probarlo, no sólo salir más a la calle, sino hacerlo consciente, desconectarme un poco del mundo digital para volver al real por un instante.

Lo que descubrí fue fantástico, recobré sensaciones que había olvidado, y vi con claridad un mundo que veo más veces desde una pantalla que desde mis propios ojos.

Al subir al autobús ayude a una anciana con su maleta, y me agradeció. Le mire fijamente a los ojos y le sonreí, enseguida compartió un par de palabras conmigo. Era como si le sorprendiera que alguien se dirigiera a ella o le prestara atención.

Cuando me senté, rocé sin querer con mi bufanda a una señora en su cara, enseguida le pedí disculpas. La miré fijamente y le sonreí y fue increíble como su gesto cambió de molesta a sorprendida. Se relajó y me hizo un par de preguntas. ¿Sabes hasta dónde llega este autobús? ¿Hasta dónde vas tú? ¿Siempre lo tomas a estar hora?

Estaba claro, necesidad de contacto, la que tenemos todos.

Volví a hacer el experimento en el metro. Guardé el teléfono y me dediqué a observar de frente y sin miedo a todas las personas, los miraba uno a uno tratando de intercambiara miradas.

A quienes me devolvían la mirada les mostraba una sonrisa sin exagerar. Algunas personas me la devolvieron, otras agachaban la cara incómodas sin saber que hacer,  y otras me miraban desafiantes como si fuera algo desconocido que podría hacerles daño.

Estamos tan inmersos en lo digital, que no sabemos reaccionar ante el contacto físico por accidente,  ante una palabra en forma de pregunta, una mirada directa. Necesitamos volver a conectarnos entre nosotros.

La gente ya no recuerda lo que es el contacto directo con un extraño. La verdad ni yo lo recordaba.

Me sentía emocionada, como si me hubieran quitado las gafas y volvía a ver claro por un momento.

En la noche caminé por las calles de Barcelona, hace tiempo que no me desconectaba así, incluso guardé el ipod que siempre me acompaña, me gusta mi vida con música en todo momento, pero me había olvidado de los sonidos de la calle.

Observé la ciudad más linda que nunca, parecía que estaba más iluminada, incluso hacía menos frío.

Vi detalles que no había visto a pesar de ir cada día por el mismo camino, ¿cuándo abrieron esa nueva tienda?  ¿Cuándo reformaron ese edificio? Que calle tan linda no había visto esos árboles de ahí.

Todo este tiempo estaba tan inmersa en mi propia mente, en problemas que aparecieron de tanto pensarlos, en estrés y egoísmo. Y me estaba perdiendo de unos minutos de emociones nuevas cada día.

Lo nuevo siempre es mejor, porque nos resignamos a la zona de confort? a no intentar nuevas experiencias o emprender nuevas aventuras?

Los milagros están en todas partes redundaba en mi cabeza, el milagro principal es  rescatar esa parte humana que se ha ido perdiendo, volver a mirar con claridad.

Pasamos mucho tiempo viendo televisión o navegando en internet. Pero en casa no descubriremos nuevas vivencias, personas o experiencias. Hay que equilibrar el tiempo, hay que salir y acercarnos más.

Es genial todo lo que vuelves a descubrir.

Después de ver las miradas de tantas personas, recordé que todos tenemos nuestra propia historia, y que una sonrisa puede cambiar el día a cualquiera. 

Catalina Carvajal
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