Lugares de Encanto y Viajes
Mi Primera Vez en New York

Todos tenemos un lugar especial en la lista de “Hay que conocerlo”El mío era New York. 

Lo sé, es una ciudad ruidosa, llena de concreto, gente y tráfico, pero para mi es fascinante.

Esperé mucho tiempo para realizar este viaje, y hace un par de años finalmente lo logré. Lo hice sola, era una cita entre la ciudad y yo, y ha sido de las mejores aventuras que he tenido.

Tengo que admitir que escuché la canción “New York, New York” de Frank Sinatra, desde una hora antes de aterrizar, hasta que me fui. Y además, que lloré lágrimas de emoción cuando la azafata dijo por el altavoz: Welcome to New York. (Sí… me da vergüenza, pero valió la pena. Además me puse gafas y nadie lo notó).

Creo que estuve a un paso de levantarme del asiento y hacer ahí mismo un musical al estilo Broadway de la felicidad que sentía.

 

La impresión al salir de la Gran Central Terminal fue indescriptible, lo primero que hice fue lo que hace cada persona que pisa por primera vez la gran manzana, levantar la mirada hasta el cielo y contemplar los interminables edificios que abundan ahí.

Caminas unos diez minutos sin bajar la cabeza admirando su altura, hasta que la tortícolis te vuelve a tu posición.

Era muy fácil darse cuenta que yo era turista, que estaba sola y además perdida. Los neoyorquinos reconocen a quienes somos visitantes con solo mirarnos los zapatos.

Se me acercó un ejecutivo de unos 45 años aprox, que llevaba un traje elegante que se veía muy caro, un cabello canoso peinado hacia atrás, un cigarrillo en una mano y un Smartphone en la otra. Me ofreció ayuda con su GPS, un cigarrillo y hasta su tarjeta de presentación por si no lograba ubicarme en la ciudad. Le dije que me explicara como llegar a Times Square y con gusto me explicó.

No fue tan mal como decían, pensé que diría que me quitara del paso, pero no. Desde allí empezó con pie derecho mi gran viaje.

 

 

Una vez en Times Square me sentí como una estrella, que gran sensación! empezó la sesión de selfies que no podía faltar.

De lejos vi a Gudy, el vaquero de Toy Storie, que me llamaba con su mano de trapo para hacerse una foto conmigo. Yo corrí feliz a su encuentro, y hasta nos abrazamos! Lo que yo no sabía es que el vaquero cobraba un dólar por cada foto y fueron varias…

Gudy no sabía decir: hola, hello, ni bonjour. Más bien hablaba un dialecto africano difícil de entender. Pero eso sí, había aprendido muy bien a decir: One Dólar, Picture, one dólar. Y la cuenta fue a lot of dolars…

Yo, que viajaba sola, aprendí del buen Gudy a pedir fotos a los extraños, iba por las calles pidiendo: ¨take me a picture please¨.  Pero tranquilos yo NO cobraba, eran for free, sólo quería fotos para el recuerdo, y la emoción de hablar con los citadinos. (Ojo, los palos de selfie aún no estaban en auge).

 

 

Tuve la suerte de encontrarme con un chico Hindú que también viajaba solo, y que también pedía en las calles “One Picture Please” con un acento bastante peculiar,  así que llegamos al acuerdo de hacernos fotos el uno al otro, y así obtuve mi book profesional. Casi 1000 fotos de todos los ángulos posibles en todos los puntos turísticos, fuimos un gran equipo. Hasta hoy en día somos amigos, junto a otros más que conocimos en el viaje.

 

Para no perderme en el metro, (porque ni el mapa que me dieron ayudaba), compré un ticket para un bus turístico “Hop on Hop off”, y así recorrí la ciudad entera en primera fila del bus, con un Starbucks en la mano.

Una de las mejores sensaciones fue cuando cruzamos el puente de Brookling al atardecer, y vi la Isla desde en frente totalmente iluminada. Una sinfonía de colores y luces alrededor del mar, una imagen que jamás olvidaré.

 

Para estas alturas Sinatra ya estaba cansado de cantar en mi Ipod y a un paso de volver a la vida para romperlo, y la pareja que iba detrás mío sentada también, porque se cambiaron de asiento con un gesto de “#$%&   you“.

No me importaba, la experiencia era solo mía, e iba  a disfrutarlo a mis anchas.

Caminé horas enteras por el Centra Park, recordaba todas las películas que había visto en aquel parque. Me senté junto a un chico atractivo que estaba en una banca. Yo pensaba que él estaba solo y que podíamos iniciar conversación estilo Hollywood. Lo que no sabía es que su novia estaba tomándole una foto y que aparte de ser inoportuna me había colado en la imagen jaja, cosas que pasan.

En fin, seguí caminando, visité tantos lugares que no podría mencionarlos. Conocí una cantidad de personas y personajes que me tardaría muchas páginas en contarlo, eso es lo genial de viajar solo, hablas con todas las personas que se te cruzan.

Pero no puedo dejar de nombrar a Naked Cowboy, un vaquero que con su escultural cuerpo se gana la vida, entre su guitarra, canciones, y fotos atrevidas, este cowboy va haciendo historia en NY.

 

 

En realidad todo me encantó. Los museos, los musicales de Broadway, los cafés, los restaurantes temáticos, las tiendas de moda, los edificios, la gente. Fue alucinante.

Todo viaje es una gran experiencia, pero conocer el destino anhelado es de las mejores cosas que podemos hacer en la vida.

Aunque he vuelto a NY en otras ocasiones, con un mejor presupuesto e incluso acompañada, (por personas reales y no sólo por Frank), siempre recordaré aquella primera vez como la mejor de todas.

Y ya que escuché por tantas veces la dichosa canción, me llevo grabado el mensaje: ¡Si puedo hacerlo allí, voy a hacerlo en cualquier lugar!

(If i can make it there, i´ll  make it anywhere, is up to you…)

No lo pienses dos veces, atrévete a visitar ese que siempre has tenido en mente, será la mejor historia que tendrás para contar.

New York New York.

Catalina Carvajal
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