Lugares de Encanto y Viajes
Barcelona, la Ciudad que me Enamoró

Aún recuerdo el día que llegaba al aeropuerto de El Prat, la emoción y los nervios se apoderaban de mí, no conocía a nadie y nadie me conocía, era la oportunidad perfecta para empezar de cero.

Letreros en catalán que decían “sortida”, me indicaban por dónde ir, y que ahora estaba en un lugar desconocido, fuera de mi comodidad y de todo lo que había aprendido.

El sol en las calles, el aire fresco de primavera, el pasaporte en el bolsillo y una maleta cargada de sueños. Así me dio la bienvenida Barcelona.

Nunca pensé que me quedaría a vivir, pensé que estaría estudiando diez meses y volvería a casa, pero los días pasaron y me enamoré por completo del lugar, las oportunidades se fueron dando y de a poco se convirtió en mi nuevo hogar.

Hace dos años que llegué, hace dos años que dejé mi país, familia y amigos, y hace dos años que me despierto cada día pensando qué será lo siguiente? Viviendo un día a la vez.

He conocido tantas personas como historias detrás de cada una. Gente de todo el mundo, gente con sueños, con ilusiones, gente amable, con alegrías y también con desórdenes mentales, de todo!!!

Y con cada persona que he conocido, me he conocido un poco más a mí misma.

Aún recuerdo el olor del “piso” de Ana, la primera persona que conocí aquí y que me recibió gracias a una compañía de alquiler temporal, olía a canela y libros antiguos. -Quítate los zapatos al entrar y deja las maletas allí, jo… tía tu si que viajas ligera, me dijo al verme llena de maletas. Nos reímos juntas y desde entonces fuimos inseparables. Ana fue una de las piezas clave  que me enseñó a vivir y moverme sola en la ciudad.

Si cierro los ojos y me concentro aún puedo sentir el olor a canela y libros antiguos de ese primer día.

Todo era nuevo, todo me sorprendía. Yo misma me sorprendía cada día.

Aquí descubrí que me gusta escribir, que me gusta leer, que aunque quería un año sabático soy el tipo de personas que se muere más de aburrimiento que de estrés. Descubrí aficiones que no sabía que tenía, y desarrollé habilidades que pensé que nunca podría.

Aprendí un nuevo idioma, a cocinar, a comer cosas que ni en broma lo hubiera hecho en otras circunstancias, a beber cafés cortados que son tan pequeños como una taza de juguete, y a comer todo acompañado con pan y tomate.

Los días que me sentía muy sola iba a la Rambla de Catalunya, que siempre tiene más gente que el metro en hora pico. Bastaba con ver a mi alrededor y tenía todas las nacionalidades de personas y culturas a mi alcance.

Me he sentado en varias cafeterías geniales de Carrer de Parlament a probar nuevos sabores y escribir. He visto amaneceres en la Barceloneta y atardeceres en el Tibidabo. He corrido varios km por la ciudad, he caminado mil veces por Passeig de Gracia viendo tiendas de diseñador, y hasta he cantado a viva voz con mis amigos por las calles de PobleSec después de una buena fiesta.

Me he sentado en varias bancas de los parques de L´Eixample a pensar, siempre acompañada  por el sol que caía en mi espalda y las risas de la gente que va hablando por la calle.

He gritado de emoción en el Camp Nou, probado delicias en el Mercat de La Boquería y he encontrado los lugares más singulares en el Born. Y ni hablar del Barrio Gótico, aún hago fotos a todo, cada que paso por allí.

Simplemente me encanta.

Aún me cuesta pensar que ha pasado tanto tiempo y tan rápido, y tener curiosidad por saber donde estaré en el futuro.

Yo amo Ecuador, siempre será el país que me vio nacer y crecer, donde están las personas que más he querido en la vida y los recuerdos más lindos de mi pasado. Pero es que Barcelona… Barcelona es la ciudad que me vio renacer y reaprender todo.

No sé dónde estaré mañana, lo que si sé es que siempre llevaré a Barcelona en mi corazón.

 

 

 

 

Catalina Carvajal
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